Conozca las cábalas de los deportistas famosos


Desde Phelps hasta Jordan pasando por Bilardo, conozca usted las costumbres o supersticiones de seis estrellas de los deportes internacionales. Las hay de las más increíbles en esta recopilación imperdible

1. Michael Phelps
Como en la película de Spielberg, el 'Tiburón' "Va por ella". Cada vez que Michael Phelps salía a la piscina del Cubo de Agua en Beijing escuchaba la canción del mismo nombre, "Go Getta", la canción de Young Jeezy (hip hop). "La escuché en los mundiales del año pasado, la escuché en todas las carreras", afirmó Phelps a un grupo de periodistas, cuando le hacían la consulta de por qué llegó a donde llegó: ocho medallas de oro consecutivas en los últimos Juegos Olímpicos. El ritual es el mismo: media hora antes de cada carrera, Phelps se coloca los auriculares y escucha música de rap o hip-hop para motivarse. Si no es Young Jeezy será Snoop Dogg, 50 Cent y Eminem. Pobres oídos.

2. Sergio Goycochea
Imposible no querer al 'Vasco' Sergio Goycochea. Aunque muchos lo prefieren de metrosexual animador de TV antes que de arquero, aquí nos quedamos con el atajapenales al que alguna vez la selección de Popovic le hizo cuatro cuando tapaba por Olimpia. Y Goycochea, portero de Argentina en Italia 90, tenía también una curiosa estrategia para despejar los nervios en aquel mundial: orinaba en el medio de la cancha, rodeado por sus compañeros --que le hacían sombra-- antes de las definiciones por penales. La orden fue de Bilardo y desde entonces fue cábala para Goyco. Seguro que esa vez contra los peruanos se olvidó de ella.

3. Rafael Nadal
Otro extraterrestre que cree en el poder cabalístico de los mortales. Rafa es un tipo de excentricidades, aunque no lo confiese. Puede prestar su nombre para un asteroide recién descubierto por el Observatorio Astronómico de Mallorca, y también sabe escupir antes del primer game y luego cubrirla con polvo de ladrillo, como hacen los gatos callejeros con su pis. Este diestro que juega mejor con la zurda no solo tiene cábalas, sino tics: quitarse el calzoncillo del pantalón unas 300 veces por partido, por ejemplo. O hacer picar la pelotita diez, quince veces contra el piso antes de sacar. Djokovik lo descubrió y lo imita. Él, Rafa, no hace caso y se pone el iPod con la música del grupo que más suerte le trae: Maná.

4. Carlos Bilardo
Bilardo no pasa debajo de escaleras, le teme a los gatos negros, puede padecer insomnio prolongado si se le cae la sal. Debe ser el entrenador más 'cabulero' de la historia --y ya tiene herederos: 'Mostaza' Merlo y Coco Basile--. Si las tres primeras cábalas le parecen cosa de todos los días, lea estas: en el Mundial de México 1986 prohibía a los jugadores comer carne de pollo porque les traía mala suerte; en Italia 90, dos días antes de la final, saludó a una novia en un matrimonio y le pidió que le regalara el ramo de novia a Maradona para que les diera suerte.

5. Michael Jordan
'Air' siempre tuvo los pies en la tierra. El mejor basquetbolista del siglo XX, según la cadena ESPN, era un nostálgico 'cabulero'. Una tarde, cuando ya era un extraterrestre y no el chiquillo que estudiaba geografía en la Universidad de Carolina del Norte, confesó el secreto de la magia: "La verdad, cada vez que juego me pongo debajo del short de los Bulls uno que usaba en la facultad, el de la suerte". Dios disfrazado de jugador de baloncesto (Larry Bird dixit) siempre supo que para escalar a la gloria se necesita un empujoncito.

6. Tiger Woods
El golfista mejor pagado de la historia tiene escondido en el ropero el secreto del éxito: su camisa roja. Woods, apodado Tiger en memoria de un combatiente de Vietman que le salvó la vida a su padre, tiene su walking clóset lleno de esas camisas rojas con las que juega en las rondas finales de los torneos PGA y que no atenta, de ninguna manera, con su fortuna que alcanzará, según la afamada revista Forbes, los mil millones de dólares en los próximos dos años. El color de la camisa, según siempre lo ha manifestado, es en honor a su alma mater Standford. Para Tiger, el color de la suerte (y de los dólares) es, necesariamente, rojo.

Fuente: El Comercio

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