Tozudo hasta el final, Simeone se fue repitiendo como en una letanía: "perdimos atacando".
Atacando.
Murió con las botas puestas, el hombre.
Está bien.
Lo que resulta algo gracioso es suponer que el aplauso de buena parte de la hinchada de River en el Monumental -incluyendo a los musculosos y rapados jóvenes de la tribuna popular- lava sus responsabilidades que dejan un pobre "palmarés" a su paso por River.
Ganó un campeonato local.
Igual que Astrada.
Igual que Pellegrini, con la diferencia que el chileno llegó a la final de la Sudamericana que perdió, claro, con Cienciano.
Todos fueron eyectados.
¿Por qué el "affaire" Simeone tuvo un matiz especial?
Por el fenómeno de acumulación que vive el Planeta River.
Hace más de diez años que River muerde el polvo en torneos internacionales.
Hace más de diez años que Boca no hace sino acumular títulos fuera de casa (más algunos internos, obviamente).
Es el "síndrome Academia".
En medio de la furia de golpes, en medio de semejante malaria, en medio de la pauperización colectiva (del Planeta River en resultados, de eso estoy hablando) puede tocar la sensibilidad del espectador que el tipo se rompa la mano por meter un golpe en la pared.
Es decir, absolutamente destrozados, gritamos porque es lo único que nos queda.
¿Por qué no le perdonan a Ahumada?
Es comprensible.
Ahumada ha hecho uso y abuso de su posición dominante en el momento de renovar su contrato.
Apenas concluido el campeonato ganado dijo: "O me ponen todos los dólares uno arriba del otro, o me voy. Haré uso de mis derechos y me quedaré con el pase en mi poder".
Los dirigentes le renovaron el contrato.
Habían pasado la humillante eliminación frente a San Lorenzo, el campeonato que envalentonó al joven del taquito "chivero", la declaración del "silencio atroz", las derrotas contra Boca y la mar en coche.
Ahumada no tiene perdón en la cabeza del hincha de River.
Entre reprocharle a Simeone o a Ahumada hacen "puré" al mediocampista.
Lo de Tuzzio tiene otra explicación: la solidaridad ante la humillación pública en el más machista de todos los ámbitos, el futbolero.
En Tuzzio es en quién más se notan las deficiencias de manejo, de personalidad, de liderazgo, de todo. Pero obviamente no es "el" peor. Es uno más.
El contraste con Boca.
Pero no voy a profundizar, no es necesario.
San Lorenzo alcanzó su propia reivindicación en un gesto mucho más cercano al esfuerzo y sacrificio que al juego.
Poco importa.
Y Tigre quedó a tiro, igual que Lanús y Newells, aunque un poquito más atrás.
Todos están separados apenas por seis puntos.
Faltan jugarse 15 de aquí al final.
No me pidan que les diga el nombre del campeón.
Imposible para este columnista.
Soy temerario, pero aunque a veces no se note, trato de escaparle al absurdo.
Fuente: Fox Sports



