Por Guillermo Oshiro
De madera o de plástico, ese banco con pinta inofensiva al borde de la cancha es capaz de electrocutar al ídolo máximo o de hacer famoso al personaje más anónimo. Por ese pequeño asiento, por el que pasan diez mil voltios durante 90 minutos, han desfilado entrenadores de todo tipo y muchos terminaron electrocutados, porque ese banquillo no discrimina ni entiende de pasados exitosos: solo se alimenta de triunfos y títulos.
Por ello, en Argentina el gran debate apunta al nombramiento de Maradona como sustituto de Basile; por ello, siete de cada diez argentinos no cree en el 'Pelusa'. Su pobrísimo pasado en Mandiyú (un triunfo, seis empates y cinco derrotas en el 94) y Racing (dos victorias, seis empates y cinco caídas en el 95) hace que los escépticos duden aun más de sus condiciones como estratega, aunque le pongan al Checho Batista y al 'Tata' Brown, el exitoso comando técnico ganador de la medalla dorada en Beijing 2008, como fieles escuderos dispuestos a hacerle el 'trabajo sucio' otra vez, como ya lo hicieron en México 86 al limpiarle la cancha, al Diego.
"Se dice que, normalmente, una gran estrella no se convierte luego en un buen técnico. Muchas veces, los jugadores que no fueron tan brillantes son los que se convierten en grandes entrenadores", ha dicho Pelé, quien pese a su condición de mejor jugador del mundo nunca asumió el reto de sentarse en el banco.
'O Rei' tiene razón. La historia del fútbol no siempre ha sido escrita por técnicos con pasado de chimpunes ganadores. Es más, las estadísticas confirman que la posibilidad de fracaso es más cercana que la de éxito, pues la recompensa recae solo en algunos cuantos tocados por la divinidad.
Fue justamente Beckenbauer quien instauró la nueva apuesta de la Federación Alemana y lo sucedieron los también ex jugadores Berti Vogts (EE.UU. 94 y Francia 98), Rudi Völler (Japón-Corea 2002) y Jürgen Klinsmann (Alemania 2006), aunque solo Völler, que perdió la final ante Brasil, estuvo cerca de acariciar el mismo trofeo que levantó dos veces el 'Kaiser'.
Después de su autoexilio en Los Ángeles y sin ninguna pericia en el banquillo, 'Klinsi' volvió a su país para asumir su selección, con la que logró dos terceros puestos: Copa Confederaciones 2005 y Alemania 2006.
Al tres veces ganador del Balón de Oro la suerte tampoco lo acompañó. De Alemania 2006 se despidió en octavos por culpa de Portugal y en la Eurocopa 2008 lo hizo en cuartos ante la Rusia de Hiddink.
Otros casos que terminaron sin el suceso esperado fueron los del francés Michel Platini y del brasileño Falcao. El hoy presidente de la UEFA, ídolo máximo de la Juventus de Turín, inició su aventura en el banquillo dirigiendo a la selección del gallito en la Euro Suecia 92. Los resultados fueron tan desastrosos --eliminada en la primera ronda de la fase final-- que 'Le Roi' decidió colgar el buzo para siempre.
Al 'Rey de Roma' lo recordarán por integrar las maravillosas selecciones brasileñas de España 82 y México 86, pero no por su paso como estratega del Scratch. Reemplazó a Lazaroni tras el fracaso de Italia 90 y duró apenas un año en el cargo. Su prueba de fuego fue la Copa América Chile 91, donde el segundo lugar detrás de Argentina no fue suficiente para mantenerse en el cargo. En la actualidad Falcao es un talentoso comentarista de televisión.
Aunque la historia le dé a Maradona pocas posibilidades y su experiencia como técnico haya empezado con el pie izquierdo, Argentina entera espera que ese sea el mismo pie que le regaló sus mejores tardes de fútbol.
Fuente: El Comercio



