
José Luis Calderón, un 'pincha' de pura cepa
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Cuy Magico
Cuando un equipo juega por cosas importantes, siempre es bueno contar con futbolistas que amen la camiseta. ¿Qué significa esto? Que para ganar títulos, muchas veces resulta clave contar con hombres de la casa, con esos jugadores que, en momentos decisivos, sean capaces de identificarse tanto con los colores del club como para sacar esa fuerza extra en pos del objetivo.
José Luis Calderón, el inoxidable goleador de Estudiantes de La Plata, es uno de ellos. Y vaya si el Pincha necesitará de su corazón de León cuando dispute este miércoles la revancha de la final de la Copa Sudamericana ante el Inter en Porto Alegre. Sobre todo después del 0-1 sufrido en La Plata.
Con 38 años cumplidos hace poco, Calderón, quien anotó el tanto de la victoria en la semifinal de vuelta ante Argentinos Juniors, tiene además la experiencia que necesita su equipo, ya que ésta es su tercera final internacional: perdió la Recopa 1997 jugando para Independiente y ganó la Copa Sudamericana 2007 con Arsenal (Sarandí).
Pero nada sería más satisfactorio para él que lograr un torneo internacional con su Estudiantes. Tras ascender con el club a Primera en 1995 y el título del Apertura en 2006, otra vuelta olímpica le aseguraría el bronce eterno. La historia de Caldera, no obstante, es muy particular. ¿Por qué? Pase y conózcala...
Padre tripero, hijo... ¡pincha!
Calderón nació el 24 de octubre de 1970 en un barrio muy humilde de La Plata llamado La Favela, por su similitud con las villas de emergencia existentes en Brasil. Su padre, que vendía fruta en la calle, era fanático de... ¡Gimnasia y Esgrima La Plata! Pero no fue por eso que él pasara por las divisiones menores del Lobo. Si bien su papá lo llevaba los sábados a ver a Gimnasia (en ese momento, en Segunda), los domingos seguía a Estudiantes, apañado por su madre y padrino, forjando así su amor por la Albirroja.
A los cinco años se probó en el club y quedó, aunque a los 11 lo dejaron libre. "Dijeron que era muy bajito", rememora. La necesidad hizo que saliera a buscar a trabajo pero, al mismo tiempo, un club de la Primera C se interesó por él. Durante su estadía en Defensores de Cambaceres dos ojeadores lo detectaron y lo llevaron a Gimnasia. De esta manera, durante uno torneo juvenil promocional en 1988, Calderón jugó el primer clásico en contra de su Estudiantes.
Al poco tiempo, sin embargo, Caldera volvió a quedarse sin club. Tras retornar a Cambaceres, en 1992 tendría su revancha, al regresar al Pincha de sus amores.
La vigencia de un goleador
Su amor por Estudiantes siguió creciendo a fuerza de golpes, ya que cuando el club descendió en 1994, Calderón prefirió quedarse en vez de irse. ¿Resultado? Fue clave en el equipo que, junto al entonces juvenil Juan Sebastián Verón, logró el asenso en 1995.
En diciembre de ese año, Caldera comenzó a ser el verdugo de Gimnasia, al marcarle dos goles en el 3-0 con el que Estudiantes cerró su participación en el Torneo Apertura, del que Calderón se consagró goleador con 13. En total lleva siete en los clásicos, y cada vez que vio puerta el Pincha terminó festejando...
Zurdo, de fuerte remate y buen manejo, Calderón es considerado un viejo zorro del área, ya que sin gran porte, es oportunista y hasta sabe poner el cuerpo para aguantar el balón y asistir a sus compañeros. En su dilatada carrera pasó por Independiente, el Nápoli de Italia, el América y Atlas de México, y Arsenal de Sarandí. Su sello siempre ha sido el gol y, de hecho, es el segundo máximo artillero en actividad del fútbol argentino.
¿La clave de su vigencia? El cuidado y la actitud. Hace poco le preguntaron cuál había sido el gol más importante de todos y él contestó: "El que está por venir". ¿Será ese el que le de un nuevo título a su Estudiantes? Habrá que ver, pero nada hará cambiar el amor incondicional que sienten los pincharrtatas por él.
Fuente: FIFA


