Todos los especialistas, todos los entendidos, todos los ex futbolistas, todos los técnicos a los que uno puede consultar respecto de la segunda final se montan en la prudencia y, palabras más, palabras menos, dicen: "las finales son siempre abiertas". Seré imprudente y audaz a riesgo de ser "cargado" para siempre por las huestes de Estudiantes: con D' Alessandro es cosa juzgada.
En su momento, en mayo de este año y dirigido por Ramón Díaz -quien se lo quiere llevar al América-, el mediocampista puso de rodillas a todo River Plate, tu grato nombre, con la camiseta de San Lorenzo.
Esa victoria quedará en la memoria del hincha de San Lorenzo mucho más allá de la derrota ante la Liga Deportiva de Quito (equipo de alto "componente argentino, también), luego campeón de la Libertadores.
El "Cabezón" se ganó un lugar en la historia de San Lorenzo a fuerza de fútbol y temperamento.
Todo lo que encierran esas cualidades (fútbol y temperamento), ha generado en la dupla Maradona-Bilardo un interés tal que pueden ubicar al volante nada menos que en el seleccionado argentino.
Un poco más acá, ayer nomás, D'Alessandro puso de rodillas a Riquelme.
Déjenme decirles primero que el árbitro paraguayo Carlos Amarilla me parece un espanto.
El hecho de obligar a Alex a patear nuevamente el penal fue un "guiño" demagógico para con el local.
No hubo nada anormal en la ejecución del brasileño.
Que fue perfecta.
Las dos veces.
Es decir, no hubo modificación en el modo de ejecutar.
Sí hubo, en cambio, maestría en el remate.
Pero no fue solo el remate del penal.
Lo del Inter fue la perfección en defensa. Neutralizó todas las pelotas paradas, el "infierno" de los tiempos que corren.
Solo una pelota aérea en ataque fue conectada por Boselli. El resto fue para hacer un cuadrito con las fotos de Indio y Alvaro.
Tite superpobló la mitad de la cancha, rodeó a Verón, le impidió la circulación limpia de la pelota.
Pero no solo fue destructivo. Una vez recuperada la pelota, salió todas las veces con una rapidez e inteligencia que dejaron pasmados a todos los hombres "pinchas" dentro y fuera de la cancha y a la dupla técnica, sumida en una confusión tal, que mandaban a direcciones contrarias a los mismos jugadores.
"¡Andá por derecha!", decía Astrada.
"¡Andá por izquierda!", ordenaba Hernán Díaz.
Ambos le hablaban a Díaz, el lateral-volante sobre el final del partido.
Magrao, Edinho y Guiñazú (hasta que lo echaron. Y aquí discrepamos con Fernando Niembro: para él estuvo bien echado, para mi no) se "comieron" la mitad de la cancha.
Y mostró, una vez más, a los mejores delanteros de la Copa: Nilmar y Alex. Muy difíciles de tomar en las marcas y guapos a prueba de golpes.
Es cierto: voy a concederles que soy un imprudente, que la historia de Estudiantes merece que uno no se apresure en relación con la segunda final a jugarse la semana próxima.
Pero me voy a apresurar.
Voy a tomar riesgos.
Voy a firmar antes, de la mano del "Cabezón" D Alessandro, esta final de la Copa Sudamericana es cosa juzgada.
Acepto apuestas.
Fuente: Fox Sports


