Festival de leyendas


Futbolistas de la talla de Kaká, Fernando Torres o Andrea Pirlo ya calientan motores para la Copa FIFA Confederaciones, pero hay un enconado debate entorno a quién será el jugador más destacado de Sudáfrica 2009. Sea quien sea la estrella que brille con luz propia en Sudáfrica, seguirá la radiante estela de todas las figuras que dejaron su huella en el certamen. Astros del fútbol como Gabriel Batistuta, Romario, Thierry Henry y Ronaldinho deslumbraron con su juego en las pasadas siete ediciones, que FIFA.com repasa ahora para todos ustedes.

Arabia Saudí 1992: Argentina arrasa

Como es natural, los primeros pasos de la Copa FIFA Confederaciones fueron algo vacilantes. En aquella primera edición sólo compitieron cuatro equipos, nada que ver con el certamen que Sudáfrica está a punto de albergar. Argentina fue el principal atractivo del torneo y, como no podía ser de otro modo, las figuras más destacadas salieron de las filas de la albiceleste. Gabriel Batistuta dejó bien claras sus intenciones desde en el primer partido, contra Costa de Marfil, en el que anotó dos goles en los diez minutos iniciales del choque, que los suyos terminaron ganando por 4-0. Ya en la final, los hombres de Alfio Basile, con Fernando Redondo y Diego Simeone como arquitectos del juego desde el mediocampo, se impusieron por un holgado 3-1 a la selección anfitriona.

Arabia Saudí 1995: Dinamarca sorprende

Los cuatro equipos de la primera edición se convirtieron en seis en la segunda, pero los que esperaban que Batistuta y los suyos volvieran a arrasar se llevaron una gran sorpresa. Batigol anotó nuevamente por partida doble en su primer partido, pero tanto él como el nigeriano Daniel Amokachi fueron superados en la tabla de máximos goleadores por el mexicano Luis García. Sin embargo, la verdadera protagonista del certamen fue la selección de Dinamarca, en la que la clase de Brian y Michael Laudrup se complementaba a la perfección con la habilidad y el buen hacer de jugadores con menos renombre, como Bjorn Kristensen o Peter Rasmussen.

Arabia Saudí 1997: Denilson impresiona

Éste fue el año en el que la Copa FIFA Confederaciones cobró realmente vida, puesto que se adoptó el formato actual con ocho selecciones participantes. Jugadores como Álvaro Recoba, Harry Kewell y Vladimir Smicer, segundo máximo goleador del certamen, revalidaron sus credenciales internacionales. Aun así, ninguno de ellos pudo competir con la genialidad de los brasileños. Entre Ronaldo y Romario, máximo anotador de la historia de la competición, sumaron un total de once dianas, incluidas dos tripletas por cabeza en la final, en la que Brasil derrotó a Australia por 6-0. Cafú y Roberto Carlos, por su parte, dejaron bien claro por qué se les consideró los mejores defensas del planeta durante casi una década. Sin embargo, todos palidecieron ante el primer ganador del Balón de Oro adidas de la historia, Denilson. Sus alardes en Arabia Saudí 1997 impresionaron al Real Betis, que al año siguiente pagó más de 30 millones de euros por su fichaje, una cifra récord para la época.

México 1999: Ronaldinho deslumbra

Decir que 1999 fue un año ajetreado para Ronaldinho sería quedarse corto. En los meses previos a la Copa FIFA Confederaciones, el astro, que entonces tenía 19 años, brilló con luz propia en la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA y en la campaña victoriosa de Brasil en la Copa América. Por este motivo, no habría sorprendido que se mostrara cansado o apagado, pero nada más lejos de la realidad. El joven prodigio fue la estrella más fulgurante del certamen, marcó en todos y cada uno de los partidos, excepto en la final, y se hizo merecedor de la Bota y del Balón de Oro adidas. Aunque seguro que se hubiera cambiado gustoso por Jorge Campos, Luis Hernández o Cuauhtémoc Blanco. El genial trío mexicano estuvo impresionante a lo largo de toda la competición, y en última instancia, la selección anfitriona se impuso en la final al combinado brasileño de Ronaldinho por un emocionantísimo 4-3.

Corea/Japón 2001: Francia vence pero no convence

Las dos ediciones anteriores del "Festival de los Campeones" habían ofrecido todo un festival de goles, pero en Corea/Japón 2001 sucedió todo lo contrario. Los siete jugadores que compartieron el premio al máximo anotador tenían únicamente dos dianas en su haber. Cuatro militaban en las filas de Francia, que a la postre se proclamaría campeona, y Robert Pires fue sin duda el más espectacular de todos ellos. Algunos de sus rivales, como Mark Schwarzer y Hidetoshi Nakata dejaron huella, al igual que sus compañeros Patrick Vieira y Sylvain Wiltord. Pero sólo el extremo del Arsenal fue capaz de aportar algo de inspiración a un certamen gris en exceso.

Francia 2003: Henry se corona

Aunque Francia 2003 siempre será recordada por la trágica muerte de Marc-Vivien Foe, la quinta edición de la Copa FIFA Confederaciones también nos dejó algunas actuaciones individuales memorables. Shunsuke Nakamura, Tuncay Sanli y Geremi despertaron gran interés, pero los que más entusiasmaron a la afición, tanto local como extranjera, fueron los anfitriones y vigentes campeones, con Thierry Henry a la cabeza. El entonces delantero del Arsenal rebosó velocidad, destreza y fuerza a partes iguales. Su rendimiento fue tan espectacular que fue nombrado jugador del partido en tres ocasiones, se hizo con el Balón y la Bota de Oro adidas y contribuyó al éxito de Francia, que revalidó su título.

Alemania 2005: Adriano hace doblete

Ocho años después de que Ronaldo, Romario y Denilson causaran estragos en Arabia Saudí, Brasil volvió por la puerta grande con idéntico resultado. La Seleção se encontró por el camino con rivales complicados, como Japón, Alemania y Argentina, con Nakamura, Michael Ballack y Juan Román Riquelme a la cabeza respectivamente. No obstante, Riquelme y Ronaldinho se vieron superados en la pugna por el Balón de Oro adidas por el hombre que también se proclamó máximo goleador del torneo, Adriano. Con Kaká y Robinho completando el temido cuarteto de ataque de Brasil, el ariete del Inter de Milán anotó un total de cinco dianas, cada una mejor que la anterior, y dejó una marca imborrable en un certamen inolvidable.

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