Es una de las reglas fundamentales del fútbol: los equipos que no marcan goles tampoco pueden ganar partidos. El viernes por la tarde en Bloemfontein, la selección de Suiza comprobó en propia carne la verdad de esa dolorosa sentencia. Es verdad que los helvéticos supieron trenzar vistosas jugadas, pero ante la portería contraria echaron de menos la necesaria eficacia. Ése y no otro fue el punto crítico, porque la nación alpina no pudo pasar de las tablas contra Honduras y por tanto no logró clasificarse para los octavos de final que tenía al alcance de la mano en el Grupo H de la Copa Mundial de la FIFA 2010, una sección en donde se ha mantenido el suspense hasta el final.
Hitzfeld echa en falta precisión
"¿Qué ha faltado? ¡Los goles! Hasta los 16 últimos metros del campo contrario todo ha sido perfecto, pero nos ha faltado la suficiente sangre fría de cara al arco rival", opinó tras el encuentro el veterano delantero Hakan Yakin en conversación mantenida con la FIFA en las catacumbas del estadio Free State. "Nuestra decepción en estos momentos es enorme, como es natural, porque nos habíamos propuesto ganar por al menos dos goles de diferencia para alcanzar la fase eliminatoria. ¡Pero no hemos tenido suerte!"
No está nada claro que el problema fundamental de los suizos tenga que ver sencillamente con la mala suerte. El seleccionador Ottmar Hitzfeld no quiso entenderlo así ante los micrófonos de FIFA.com: "En los últimos tiempos, en general hemos tenido problemas con la definición. Nos falta precisión", manifestó el técnico, que sabe de lo que habla después de haber ganado la Liga de Campeones de la UEFA con el Borussia Dortmund y el Bayern de Múnich.
Efecto bumerán
De hecho, los delanteros Blaise Nkufo y Eren Derdiyok, titulares desde el principio, dispusieron de incontables ocasiones propicias, habilitadas maravillosamente desde la banda por el carrilero Tranquillo Barnetta. También Alexander Frei, que saltaría luego desde el banquillo, tuvo en sus botas el gol de la Nati. La mayoría de las oportunidades creadas por los pupilos de Hitzfeld procedieron de penetraciones por las bandas, ya que su dispositivo ofensivo encontró muchas dificultades para atacar por el centro. "Fallamos en el pase final, y por eso no hemos merecido progresar", replicó de manera abierta y franca Barnetta a la pregunta de la FIFA sobre el tema.
Sin embargo, cabe buscar otras explicaciones más profundas a los apuros de Suiza en este campeonato. Por un lado, en las semanas que precedieron al viaje a Sudáfrica, los helvéticos no pudieron conformar una delantera compenetrada, ya que Marco Streller, que era uno de los artilleros fijos en el esquema de Hitzfeld, resultó descartado por una lesión; y el ariete oficial, Frei, no se encontraba en su mejor forma por culpa igualmente de unas molestias. Por otro lado, los suizos se vieron abocados a una situación que al principio se presentó como un sueño, pero que al final acabó transformándose en su perdición.
Expectativas exageradas
Nos referimos naturalmente al sensacional triunfo por 1-0 sobre la vigente campeona de Europa, España, con el que nadie había contado, y que colocó enseguida al equipo suizo en la cresta de una engañosa ola. Aunque Barnetta dijo que los tres puntos arrancados a los ibéricos no los habían deslumbrado, se apresuró a añadir que en el segundo partido de grupo contra Chile habían saltado al campo con expectativas exageradas. "Contra Chile, fue un partido muy tonto", sentenció el dinámico atacante del Bayer Leverkusen. Lo perdieron, ciertamente, y por eso luego, en sus preparativos contra Honduras, tuvieron que dedicar más tiempo a recuperar la fuerza mental que a trabajar en sus deficiencias rematadoras.
El recorrido de los suizos en el torneo no ha resultado tan ilógico, al fin y al cabo. Contra España no tuvieron que preocuparse de llevar la batuta, y pudieron sacar partido de su potencial de contraataque. La reacción les resultó más sencilla que la acción. En cambio, en el duelo contra los Catrachos, donde estaban obligados a tomar la iniciativa, los hombres de Hitzfeld a punto estuvieron de caer víctimas de sus mismas armas. El balance final es un certamen en el que en tres partidos sólo consintieron un gol en contra. Pero al mismo tiempo también inscribieron un único gol. Ni más ni menos. Eso es todo. El fútbol puede ser así de sencillo.



